MILES ET MALLE | Comunicom

MILES ET MALLE

portada miles davis ascenseur

 

Pocas veces sucede que la banda sonora de una película sea tan popular –o más– que la propia película. Y esto es precisamente lo que ocurre con Ascenseur pour l’échafaud (1958), al mismo tiempo el primer largometraje de Louis Malle y un muy celebrado álbum de Miles Davis.


Una banda sonora que sigue impresionando impresionando casi 60 años después. Y que debería impresionar más si se tiene en cuenta que se compuso de manera totalmente informal, en una sola noche, con Davis y la banda francesa que le acompañaba en esos días –Barney Wilen, Réne Urtreger, Pierre Michelot y Kenny Clarke, norteamericano pero afincado en París ya entonces– improvisando en el estudio a partir de unas sucintas indicaciones del genio de Illinois, mientras en una pantalla se proyectaban fragmentos del film.


Para añadir aun más informalidad a la sesión, Jeanne Moreau corría por allí poniendo bebidas. Y, en un momento dado –durante el tema ‘Dîner au motel’–, a Miles se le coló un trozo de piel del labio en la boquilla de su trompeta. Algo que este consideró como parte del juego, y que aportaría una sonoridad peculiar a la pieza.


MOREAU DANS LA RUE
Pese a tanta relajación, o quizás precisamente a causa de ella, la música de Miles se ajusta como un guante a las imágenes. Y si alguien lo dudara, solo tiene que ver a una bellísima Moreau vagando desconsolada por las calles de París en el que probablemente sea el tema más famoso de la película -y del álbum-, ‘Florence sur les Champs-Élysées’.


La banda sonora se publicó tal cual en Francia, mientras que en los EEUU se le añadió una cara B con Miles y el alucinante cuarteto con el que un año después, en 1959, grabaría ‘Kind of Blue’, ni más ni menos que Jon Coltrane, Cannonball Adderley, Bill Evans y Jimmy Cobb. Una cara B que está lejos de ser un simple relleno, y que incluye el clásico standard ‘Stella by Starlight’.


Cuando se juntan dos genios en una obra de arte, al resto de los mortales solo nos queda aplaudir. Si se juntan tres, ya ni hablemos. Y esta reedición en vinilo de 180 gramos –que corresponde a la versión estadounidense–, se acompaña de una carpeta con fotos del gran Jean-Pierre Leloir, que hemos tenido el inmenso placer de diseñar en Comunicom.


“Si je n’entendais pas ta voix je serais perdu dans un pays de silence”, dice el protagonista del film en la escena inicial. Y a nosotros nos pasaría exactamente lo mismo si no pudiéramos escuchar la trompeta de Miles.

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