BILL EVANS, TÉCNICA Y TERCIOPELO | Comunicom

BILL EVANS, TÉCNICA Y TERCIOPELO

diseño portada artwork bill evans

 

Técnica y terciopelo. Estas son las dos primeras palabras que nos acuden a la cabeza para hablar de Bill Evans, un superdotado pianista, uno de los más influyentes en su instrumento en la historia del jazz. Y el principal exponente de su obra es seguramente este Waltz for Debby.

 

Grabado en 1961, en compañía del bajista Scott LaFaro y el batería Paul Motian, en una sesión en directo en el histórico Village Vanguard de Nueva York, ‘Waltz for Debby’ es una excelente muestra del jazz sofisticado y lírico de Evans. Y es un álbum mítico e irrepetible por diversas circunstancias.

 

En primer lugar, por la plantilla de músicos: hay un consenso general en que este fue el mejor de los muchos tríos que lideró Evans en su carrera. Un trío que no se repetiría, porque LaFaro murió solo 10 días después, en un accidente de tráfico, con apenas 25 años.

 

La sesión, además, llegó probablemente en el mejor momento musical de Evans, en su plenitud como intérprete y como compositor -suya es la pieza que da nombre al álbum, escrita en honor de su sobrina-. Un álbum que se cierra con una enérgica versión del ‘Milestones’ de Miles Davis, que Evans no había grabado nunca antes ni grabaría nunca después, ni en directo ni en estudio.

 

Sin duda, un disco fundamental en la historia del jazz. Que en esta reedición se presenta con un envoltorio acorde: vinilo de 180 gramos, con foto inédita del gran Jean-Pierre Leloir en la portada y diseño gráfico ‘made in Barcelona’ de Comunicom.

 

En la imagen, un Evans reconcentrado al piano, inclinado sobre su instrumento -solía tocar con la cabeza a pocos centímetros del teclado- y ajeno a todo lo demás. Ajeno incluso a su audiencia. Y es que, como el propio intérprete dijo una vez, “uno toca para sí mismo antes que nada, uno es el principal público para sí mismo”.

 

Evans fue un jazzman lírico y sosegado. Pero eso no le evitó caer en los excesos de sustancias tan habituales en los grandes del género: murió en 1980, con solo 51 años, tras décadas de abuso de la heroína y la cocaína, en lo que el crítico Gene Lees definió como “el más largo y lento suicidio de la historia musical”.