MELODY GARDOT, UNA ESTRELLA POR ACCIDENTE

Melody Gardot

Si Melody Gardot es hoy una estrella mundial es por accidente. Literalmente. Por un grave accidente de circulación a los 19 años. Y por la feliz idea de utilizar la música como terapia de rehabilitación. Y por su talento, claro está.

Noviembre de 2003. Gardot, que ya había hecho sus pinitos cantando de adolescente en bares de Filadelfia, pero que estaba más preocupada por el diseño y la moda que por otras cosas, es arrollada por un todoterreno mientras circulaba en bicicleta. El resultado, un año postrada en cama y diversas secuelas motoras y cognitivas. Incluyendo dificultades en el habla e hipersensibilidad a la luz –que todavía arrastra, y por eso lleva siempre gafas oscuras–.

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Lejos de resignarse a su suerte, Gardot abordó un intenso trabajo de rehabilitación. Que incluía terapia musical. Empezó a componer y a grabarse en su habitación, y de ahí surgió un primer EP, ‘Some Lessons’, que lleva el muy pertinente subtítulo de ‘The Bedroom Sessions’. El resto es historia. Desde entonces, Gardot ha grabado cuatro LP’s que la han convertido, a sus 32 años recién cumplidos, en una de las principales voces del jazz actual, en un terreno en ocasiones fronterizo con el funk, el soul, el R&B, e incluso con reminiscencias brasileñas.

Un cóctel que la cantante y compositora norteamericana sirve con una más que privilegiada voz, entre aterciopelada y nicotínica. Una voz, además, que no es sólo técnica –Gardot nunca ha tomado lecciones de canto, según ella misma ha dicho alguna vez–, sino pasión, sentimiento y verdad. Y quien no nos crea, solo tiene que escucharla en ‘Baby I’m A Fool’, por poner un ejemplo entre muchos posibles:

 

 

Y su carrera, de hecho, apenas acaba de empezar, y apunta aún más alto. Porque Melody Gardot es quizás una estrella por accidente, pero en ningún caso una estrella con carácter accidental.