JEAN-PIERRE LELOIR, EL FOTÓGRAFO DEL JAZZ

Jean-Pierre Leloir

Hay fotógrafos y fotógrafos, y luego está Jean-Pierre Leloir. No por ser un gran artista –que lo era–, sino por su rara habilidad para inmortalizar a algunos de los más grandes músicos de la historia del jazz. En el escenario y, sobre todo, entre bambalinas o en momentos de privacidad y relajación.

“Más allá de su talento como fotógrafo, Leloir no se presentaba a sí mismo como un paparazzi, sino como un amigo”. Así habla de Leloir un grande como Quincy Jones, en el prólogo del libro Jazz Images, de Gerardo Cañellas y Jordi Soley, cuyo diseño gráfico hemos tenido el gusto de realizar en Comunicom.

Jean-Pierre Leloir (París, 1931-2010), desarrolló el grueso de su obra en las décadas de 1950 y 1960. Unas décadas que no fueron precisamente malas para el jazz: estaban en su apogeo genios como John Coltrane,Miles Davis, Ornette Coleman, Chet Baker, Count Basie, Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie o Sarah Vaughan. Y a todos ellos –y a muchos más: podríamos llenar varios posts como este sólo con sus nombres– fotografió Leloir a su paso por Francia.

 

Que se tratara de Francia tiene su importancia. Es la meca del jazz en Europa, y los grandes jazzmen estadounidenses se han sentido siempre especialmente cómodos y respetados en tierras galas. Y más cómodos aun los hacía sentir Leloir, capaz de inmortalizar a Don Cherry en ciclomotor, a Louis Armstrong con los pantalones arremangados, o a Miles Davis tomando el sol en la playa.

 

Leloir tenía un método nada espectacular, pero muy efectivo. Según dijo, procuraba ser “lo más discreto posible”, hasta que los grandes artistas que retrataba “olvidaban mi presencia”. Pero, sin duda, su gran secreto era otro, aun más elemental: “Me encantaba la gente que fotografiaba”.