EL JAZZ MANOUCHE, MUCHO MÁS QUE DJANGO

Bireli-Lagrene

No tiene la fama de la ‘chanson’, pero el jazz manouche es la una de principales aportaciones francesas a la música popular del siglo XX. Y sigue bien vivo, más allá de su principal creador, exponente, y genio por antonomasia, el inimitable Django Reinhardt.

La estrella de Reinhardt es de tal magnitud y deslumbra tanto que a menudo no deja ver más allá. Pero el jazz manouche, ese estilo mezcla de swing, sones de los gitanos sinti –de origen centroeuropeo, y de ahí los apellidos germánicos de muchos de sus intérpretes–, música popular de baile francesa y varias influencias más, no se acaba en Django. Tuvo otros destacados representantes en la época en que se creó, empezando por los compinches de Reinhardt en el Quintette du Hot Club de France, empezando por su hermano Joseph y el violinista Stéphane Grapelli. Y los sigue teniendo ahora. Especialmente, ahora.

Tras décadas de un relativo olvido, el jazz manouche experimentó un resurgimiento a partir de los 90. Fundamentalmente en Francia, y sobre todo a partir de la figura del gran Biréli Lagrène, un prodigioso guitarrista que deslumbró en el Festival de Montreux de 1981, con solo 14 años, después de haber practicado hasta la extenuación durante toda su infancia el repertorio de su idolatrado Reinhardt.

https://www.youtube.com/watch?v=u_uLEIphzFA

Poco después, y superada su fase de niño prodigio, Lagrène se salió de la alargada sombra de su maestro y experimentó con la electricidad –ahí quedan fantásticas colaboraciones suyas con Jaco Pastorius– y con la fusión, antes de volver, ya en la madurez, a sus raíces manouche, con aún más maestría y con un sello más personal.

https://www.youtube.com/watch?v=i4j8vi6F6Yk

Y hay más nombres. Los afortunados que se acercaron al evento pudieron ver el pasado noviembre, en el Festival Django de L’Hospitalet –el único dedicado al género en nuestro país–, a figuras como Stochelo Rosenberg, Hono Winterstein o Adrien Moignard. Y siguen en activo músicos como Angelo Debarre o Tchavolo Schmitt. Por no hablar de la influencia del género en multitud de pequeñas bandas en toda europa –muchas de ellas, medio callejeras– que tocan música ‘gipsy’, a menudo con influencias balcánicas o del klezmer. O del fenómeno de la francesa Zaz, que mezcla diversos estilos con una obvia base manouche, y que vendió miles de copias de su fantástico ‘Je veux’.

https://www.youtube.com/watch?v=qIMGuSZbmFI