BLANCO Y NEGRO

Charlie-Mingus
Pues el caso es que Charlie Mingus, habiendo vivido la infancia sumergido en la música por la historia familiar y la iglesia a la que le llevaba su abuela, ya adolescente pasó 5 años estudiando violoncello con un profesor de la New York Philarmonic. Pero veía ante sí un feo panorama de paro porque, en lo relativo a la música blanca, la segregación racial hacía estragos en la comunidad negra en aquel tiempo. La suerte fue que tenía como vecino a un compañero de infancia, el saxofonista Buddy Collette, quien le consiguió un trabajo en la orquesta de swing del sindicato de músicos. Pero de contrabajista. “Eres negro y, por mucho talento que tengas, nunca conseguirás triunfar en el mundo clásico. Si quieres tocar, toca un instrumento de negros”. Ese fue su consejo. El padre le ayudó a financiar el cambio de instrumento y Mingus comenzó su colosal carrera de bajista con un viejo contrabajo alemán que ya había vivido muchas guerras.

Esta historia nos recuerda que Miles Davis reprochaba en algún momento a Winton Marsalis que quisiera labrarse un prestigio interpretando música clásica blanca con lo buen trompetista negro que era. “Zapatero a tus zapatos”, opinaba Miles: Haydn está bien pero ya hay muchas trompetas blancas decididas a tocar su maravilloso concierto.

Y también nos acordamos de nuestro llorado Tete, el blanco que tenía el alma negra y que, en su condición de ciego, no demostraba el menor empacho en dejar las cosas claras a la gente, confirmándoles que de blanco, nada. Él era negro. ¿Es que no le escuchaban o qué?

Parece que Mingus, “Chazz” para sus íntimos, cuenta ese cambio providencial de instrumento en sus memorias, de las que ahora no disponemos. Le hemos pedido prestado el recuerdo al gran periodista y crítico musical Miquel Jurado, que para nuestro contento lleva escribiendo de jazz en El País y otros medios de comunicación largos años. Gracias a él nos hemos enterado muchas veces de lo que se estaba cociendo, de lo que iba a pasar o de lo que nos habíamos perdido la noche anterior en la escena jazzística barcelonesa. Pero también hemos disfrutado con su escritura dedicada a la divulgación, como el amenísimo libro “Els 25 grans del Jazz”, que publicó Proa en tapa dura hace más de veinte años, y que alguien tendría que reeditar pero acompañado de una buena antología de música, un CD de fábula estuchado en sus entrañas para la ocasión (los coleccionistas somos insaciables y más si se trata de atesorar las proezas de los gigantes). En Comunicom nos postulamos para diseñar esa portada. Sería un honor.